La luz de la Candelaria iluminó la Catedral Metropolitana

Las velas llenaron de luz la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Entre rezos, cantos y el murmullo de familias enteras que sostenían con cuidado sus imágenes del Niño Dios, la tradicional fiesta de la Candelaria volvió a reunir a cientos de fieles en torno a una celebración que mezcla fe, memoria y arraigo cultural.

Desde muy temprano, el ir y venir de personas con pequeñas figuras vestidas con delicados atuendos anunciaba la llegada de una de las festividades más queridas del calendario católico. Algunos llevaban al Niño Dios envuelto en mantillas bordadas; otros lo sostenían con solemnidad, como si en sus brazos cargaran un símbolo vivo de esperanza.

La ceremonia inició con la bendición de las candelas, cuya luz se multiplicó entre los asistentes, creando una atmósfera cálida y serena dentro del templo. Cada vela encendida recordó el sentido profundo de esta fiesta: la Presentación del Niño Jesús en el Templo, celebrada cuarenta días después de la Navidad.

Durante la celebración eucarística, el M. I. Sr. Canónigo José Antonio Carballo, rector de la Catedral Metropolitana, invitó a los fieles a contemplar el significado espiritual de esta tradición que ha pasado de generación en generación.

A lo largo de su homilía, explicó que la fiesta de la Candelaria es una celebración cargada de signos que remiten al encuentro entre Dios y la humanidad.

“A lo largo de este pasaje de la Sagrada Escritura aparecen muchos signos, todos importantes. Uno de ellos es la Candelaria, fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el templo y de la purificación de la Virgen María. Esta celebración nos presenta la luz como un signo fundamental, en el cual reconocemos a Cristo como la luz que ilumina nuestra vida y nos conduce por el sendero del bien”, expresó ante los fieles.

Durante su homilía, el rector recordó que la luz no solo es un símbolo, sino una guía que orienta la vida cristiana.

“Hacer el bien es un homenaje al Señor y una ofrenda de nuestra vida. Cristo es la luz que ilumina a todos los pueblos y nos motiva a salir de la oscuridad. Cuando encendemos una luz, nuestros ojos se dirigen hacia ella; la buscamos y la queremos. Con mayor razón buscamos a Jesucristo, por eso salimos a su encuentro con nuestras lámparas encendidas”, señaló.

La celebración evocó también el espíritu de la Navidad, que, aunque litúrgicamente ha concluido, permanece vivo en la ternura del Niño Dios, figura central de la devoción popular.

“Aunque ya no estamos en el tiempo litúrgico de la Navidad, esta fiesta nos hace recordar la imagen tierna del Niño nacido en Belén, luz que transforma el corazón del hombre”, destacó.

En su mensaje, el canónigo Carballo subrayó que la presencia del Niño Dios en los hogares simboliza la cercanía de Dios con las familias y su acompañamiento en la vida cotidiana.

“Hoy descubrimos la presencia del Señor que nos acompaña en la imagen del Niño Dios, que evoca la ternura del misterio de la Encarnación. Tener esta imagen en nuestros hogares nos recuerda que Dios camina con nosotros, que no nos abandona y que conoce nuestra vida y nuestros caminos en profundidad”, afirmó.

La celebración concluyó con la bendición de las imágenes del Niño Jesús. Al término de la misa, los fieles salieron lentamente del recinto, aún sosteniendo sus velas y sus imágenes, como quien prolonga el encuentro con lo sagrado más allá de los muros del templo.

En medio del bullicio del Centro Histórico, la luz de la Candelaria volvió a recordar que la fe, como una llama encendida, sigue iluminando la vida de quienes buscan en Dios consuelo, guía y esperanza.