CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD
La Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, ubicada en la Catedral Metropolitana de México, es un espacio profundamente ligado a la historia de los trabajadores y constructores del máximo templo de la Iglesia en México. Su origen refleja la fe, el esfuerzo y la devoción de los obreros que participaron en la edificación de la Catedral durante el periodo virreinal.
En 1657, el duque de Albuquerque, entonces virrey de la Nueva España, otorgó la custodia de esta capilla a los obreros y albañiles encargados de las obras de la Catedral. Cerca de 280 trabajadores integraban la Hermandad de la Soledad de Nuestra Señora, una comunidad unida tanto por el trabajo como por la devoción mariana.
Los miembros de esta hermandad asumieron el cuidado y mantenimiento de la capilla, realizando con su propio esfuerzo labores de construcción, techado y acondicionamiento del recinto. La pertenencia a la cofradía estaba estrechamente vinculada al servicio en las obras del templo, de modo que sólo podían integrarse quienes trabajaban directamente en la construcción de la Catedral.
Este espacio también conserva la memoria de una antigua tradición de los albañiles novohispanos. Originalmente, en la capilla se encontraba una cruz de madera utilizada para la celebración del Día de la Santa Cruz cada 3 de mayo, festividad especialmente significativa para los trabajadores de la construcción. Con el tiempo, dicha cruz fue sustituida por la que actualmente se encuentra frente a la ventana de la capilla.
La Capilla de Nuestra Señora de la Soledad representa no sólo un lugar de oración y devoción mariana, sino también un homenaje al trabajo, la fe y el legado de quienes dedicaron su vida a levantar uno de los monumentos religiosos más importantes de América. Su historia forma parte esencial del patrimonio espiritual y cultural de la Catedral Metropolitana de México.


