CAPILLA DE SAN ISIDRO
La Capilla de San Isidro, ubicada en la Catedral Metropolitana de México, es uno de los espacios más antiguos y arquitectónicamente singulares del recinto catedralicio. Su historia está estrechamente ligada al desarrollo del antiguo Sagrario Metropolitano y a la evolución arquitectónica de la Catedral durante el periodo virreinal.
Se considera que esta capilla fue dedicada a San Isidro Labrador desde 1627, año en que comenzó a rendírsele culto en este lugar. Sin embargo, cuando la contigua Capilla de Nuestra Señora de las Angustias de Granada fue utilizada como templo parroquial o Sagrario Metropolitano en 1640, la Capilla de San Isidro pasó a funcionar como sacristía auxiliar. Para facilitar la comunicación entre ambos espacios se abrió una puerta en el muro sur que conectaba directamente con el antiguo sagrario.
Esta función permaneció hasta 1749, cuando concluyó la construcción del actual Sagrario Metropolitano. A partir de entonces, el cabildo de la Catedral decidió reorganizar los accesos entre ambos edificios. Como parte de estas obras, el arquitecto Lorenzo Rodríguez diseñó una magnífica portada barroca en cantera gris, concluida en 1768, considerada una de las piezas arquitectónicas más destacadas del conjunto catedralicio.
Uno de los elementos más sobresalientes de esta capilla es su bóveda, única entre todas las capillas de la Catedral Metropolitana. Está decorada con una elaborada labor de yesería realizada en 1627, inspirada en modelos manieristas europeos. La bóveda se divide en cuatro secciones adornadas con relieves que representan tres virtudes teologales —Fe, Esperanza y Caridad— y una virtud cardinal: la Justicia.
La Capilla de San Isidro combina historia, arte y espiritualidad en un espacio que conserva importantes testimonios del barroco novohispano y de la vida litúrgica de la Catedral Metropolitana de México. Su riqueza artística y arquitectónica la convierten en una visita imprescindible dentro del patrimonio religioso y cultural del país.


